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nydus/The Everlasting ManPublic
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VIII. El fin del mundo

estadista no podían hacer nada sin un respaldo considerable de democracia; la clase de democracia que nunca tiene nada que ver con la diplomacia. Es precisamente debido a la presencia de la democracia romana que oímos hablar tanto de la oligarquía romana. Por ejemplo, los historiadores recientes han intentado explicar el valor y la victoria de Roma en función de esa detestable y detestada usura que practicaban algunos de los patricios; como si Curius hubiera vencido a los hombres de la falange macedonia prestándoles dinero; o el cónsul Nerón hubiera negociado la victoria del Metauro al cinco por ciento. Pero percibimos la usura de los patricios debido a la revuelta perpetua de los plebeyos. El mandato de los príncipes mercaderes púnicos poseía la esencia misma de la usura. Pero jamás hubo una muchedumbre púnica que se atreviera a llamarlos usureros.

Agobiado como todas las cosas mortales por todo el pecado y la debilidad mortales, el auge de Roma había sido en realidad el auge de las cosas normales y, sobre todo, populares; y en nada más que en el odio, profundamente normal y profundamente popular, a la perversión. Ahora bien, entre los griegos, una perversión se había convertido en convención. Es cierto que se había convertido tanto en convención, especialmente en convención literaria, que a veces era copiada convencionalmente por los literatos romanos. Pero esta es una de esas complicaciones que siempre surgen de las convenciones. No debe oscurecer nuestro sentido de la diferencia de tono entre las dos sociedades en su conjunto. Es cierto que Virgilio podía en alguna ocasión retomar un tema de Teócrito; pero nadie puede formarse la impresión de que Virgilio sintiera especial predilección por ese tema. Los temas de Virgilio eran especial y notablemente los temas normales, y en ninguna parte más que en la moral: la piedad, el patriotismo y el honor de la campiña. Y bien

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