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nydus/The Everlasting ManPublic
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III. La historia más extraña del mundo

Está más dentro de mis facultades, y viene aquí más inmediatamente al caso, señalar que en aquella escena estaban reunidas simbólicamente todas las fuerzas humanas que se han esbozado vagamente en esta historia. Así como los reyes y los filósofos y el elemento popular habían estado simbólicamente presentes en su nacimiento, del mismo modo intervinieron de forma más práctica en su muerte; y con ello nos encontramos cara a cara con el hecho esencial que debe comprenderse.

Todos los grandes grupos que se congregaban en torno a la Cruz representan de un modo u otro la gran verdad histórica de la época: que el mundo no podía salvarse a sí mismo. El hombre no podía hacer más. Roma, Jerusalén, Atenas y todo lo demás se venían abajo como un mar convertido en una catarata lenta.

Exteriormente, en verdad, el mundo antiguo se hallaba aún en su apogeo; es siempre en ese momento cuando comienza la debilidad más íntima. Pero para comprender esa debilidad debemos repetir lo que se ha dicho más de una vez: que no era la debilidad de algo originalmente débil. Era enfáticamente la fuerza del mundo la que se había vuelto debilidad, y la sabiduría del mundo la que se había vuelto necedad.

En esta historia del Viernes Santo son las mejores cosas del mundo las que están en su peor momento. Eso es lo que realmente nos muestra al mundo en su peor momento. Eran, por ejemplo, los sacerdotes de un verdadero monoteísmo y los soldados de una civilización internacional. Roma, la leyenda, fundada sobre la Troya caída y triunfante sobre la Cartago caída, había representado un heroísmo que fue lo más cerca que cualquier pagano estuvo jamás de la caballería. Roma había defendido los dioses del hogar y las decencias humanas contra los ogros de África y las monstruosidades hermafroditas de Grecia. Pero en el relámpago de este incidente, vemos a la gran Roma, la república imperial, decayendo bajo su sino lucreciano. El escepticismo ha

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