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nydus/The Everlasting ManPublic
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V. El hombre y las mitologías

propias leyes y, por tanto, sus propios triunfos, que ni los lógicos ni los hombres de ciencia pueden comprender. Se mantuvo fiel a ese instinto imaginativo a través de mil extravagancias, a través de cada burda pantomima cósmica de un cerdo comiéndose la luna o del mundo esculpido a partir de una vaca, a través de todas las deslumbrantes circunvoluciones y malformaciones místicas del arte asiático, a través de toda la severa y fija rigidez de los retratos egipcios y asirios, a través de cada clase de espejo agrietado de arte loco que parecía deformar el mundo y desplazar el cielo, permaneció fiel a algo sobre lo cual no puede haber discusión; algo que hace posible que algún artista de alguna escuela se detenga de repente ante esa deformidad particular y diga: «Mi sueño se ha hecho realidad». Por eso todos nosotros sentimos en realidad que los mitos paganos o primitivos son infinitamente sugerentes, siempre que seamos lo suficientemente sensatos como para no indagar qué es lo que sugieren. Por eso todos sentimos lo que significa que Prometeo robe el fuego del cielo, hasta que algún pedante pesimista o progresista nos explica lo que significa. Por eso todos conocemos el significado de Jack y las habichuelas mágicas, hasta que nos lo cuentan. En este sentido, es cierto que son los ignorantes quienes aceptan los mitos, pero solo porque son los ignorantes quienes aprecian los poemas. La imaginación tiene sus propias leyes y triunfos; y un poder tremendo comenzó a revestir sus imágenes, ya fueran imágenes en la mente o en el fango, ya fuera en el bambú de las islas de los Mares del Sur o en el mármol de las montañas de la Hélade. Pero siempre hubo un problema en el triunfo, que en estas páginas he intentado analizar en vano; pero tal vez, a modo de conclusión, podría enunciarlo así.

El quid y la crisis estriban en que al hombre le pareció natural adorar; incluso natural adorar cosas antinaturales.

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