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nydus/The Everlasting ManPublic
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VIII. El fin del mundo

indicios de los viejos horrores de los demonios semíticos, comenzaron a llenar las fantasías de la Roma en decadencia, multiplicándose como moscas sobre un estercolero. La psicología de esto es en realidad bastante humana, para cualquiera que intente el experimento de ver la historia desde dentro. Llega una hora por la tarde en la que el niño está cansado de «fingir»; en la que está harto de ser un bandido o un piel roja. Es entonces cuando atormenta al gato. Llega un momento en la rutina de una civilización ordenada en el que el hombre está harto de jugar a la mitología y de fingir que un árbol es una doncella o que la luna cortejaba a un hombre. El efecto de este hastío es el mismo en todas partes; se observa en todo consumo de drogas y de bebidas alcohólicas y en todas las formas de la tendencia a aumentar la dosis. Los hombres buscan pecados más extraños u obscenidades más sorprendentes como estimulantes para su sentido agotado. Buscan religiones orientales enloquecidas por la misma razón. Intentan aguijonear sus nervios para darles vida, aunque fuera con los cuchillos de los sacerdotes de Baal. Caminan sonámbulos e intentan despertarse con pesadillas.

Aun en esa fase del paganismo, por consiguiente, los cantos y bailes campesinos se oyen cada vez más débiles en el bosque. Por una parte, la civilización campesina se estaba desvaneciendo, o ya se había desvanecido, de todo el campo. Hacia el final, el Imperio se organizaba cada vez más según ese sistema servil que suele acompañar a la jactancia de la organización; de hecho, era casi tan servil como los proyectos modernos para la organización de la industria. Es sabido que lo que antaño habría sido un campesinado se convirtió en una mera plebe urbana dependiente de pan y circo; lo cual puede sugerir de nuevo a algunos una chusma dependiente de subsidios y cines. En este como en muchos otros aspectos, el retorno moderno al paganismo ha

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