“Debe usted permitir que me achupe el orgullo, mi querida prima, de que su rechazo a mis propuestas no son más que palabras de cortesía. Mis razones para creerlo son brevemente las siguientes:—No me parece que mi mano sea indigna de su aceptación, ni que la posición que puedo ofrecerle sea otra que sumamente deseable. Mi situación en la vida, mis vínculos con la familia de De Bourgh y mi parentesco con la suya propia son circunstancias muy favorables para mí; y debería usted tomar además en consideración que, a pesar de sus múltiples atractivos, no es en absoluto seguro que vuelva a hacérsele otra oferta de matrimonio. Su dote es, por desgracia, tan pequeña que con toda probabilidad neutralizará los efectos de su hermosura y sus agradables cualidades. Como debo deducir, por lo tanto, que no habla usted en serio al rechazarme, prefiero atribuirlo a su deseo de aumentar mi amor mediante el suspense, según la costumbre habitual de las mujeres refinadas.”
“Le aseguro, caballero, que no tengo pretensión alguna de esa clase de elegancia que consiste