Cuando el reloj dio las tres, Elizabeth sintió que tenía que marcharse, y lo dijo muy a su pesar.
La señorita Bingley le ofreció el carruaje, y a Elizabeth le faltó muy poco para aceptarlo, cuando Jane manifestó tanta inquietud al separarse de ella, que la señorita Bingley se vio obligada a convertir el ofrecimiento del carruaje en una invitación para quedarse en Netherfield por el momento.
Elizabeth aceptó con el mayor agradecimiento, y se envió un criado a Longbourn para avisar a la familia de su estancia y traerle ropa.