Pero al fin, por persuasión de Elizabeth, logró convencerse de pasar por alto la ofensa y buscar la reconciliación; y, tras un poco más de resistencia por parte de su tía, el resentimiento de esta cedió, ya fuera por su afecto hacia él o por la curiosidad de ver cómo se comportaba su esposa, y se dignó a visitarlos en Pemberley, a pesar de la contaminación que sus bosques habían sufrido, no solo por la presencia de semejante ama, sino por las visitas de sus tíos de la ciudad.
Con los Gardiner mantenían siempre la relación más íntima. Tanto a Darcy como a Elizabeth les agradaban de verdad; y ambos eran siempre conscientes de la más profunda gratitud hacia aquellas personas que, al haberla llevado a Derbyshire, habían sido el medio para unirlos.