Mrs. Hurst y otra con Miss Bingley, se negó a ser presentado a ninguna otra señora y pasó el resto de la velada paseando por la sala y hablando de vez en cuando con alguien de su propio grupo. Su personalidad quedó bien definida. Era el hombre más orgulloso y desagradable del mundo, y todo el mundo esperaba que no volviera por allí jamás. Entre las más indignadas contra él se encontraba Mrs. Bennet, cuya animadversión hacia su comportamiento general se veía agudizada por un resentimiento particular debido a que él había desairado a una de sus hijas.
Elizabeth Bennet se había visto obligada, por la escasez de caballeros, a quedarse sentada durante dos bailes; y durante parte de ese tiempo, el señor Darcy había estado lo suficientemente cerca como para que ella oyera una conversación entre él y el señor Bingley, quien se había apartado del baile por unos minutos para insistir a su amigo en que se uniera a él.