“Cuando mi hermano nos dejó ayer, se imaginaba que los asuntos que lo llevaban a Londres podrían resolverse en tres o cuatro días; pero como nosotras estamos seguras de que no será así y, al mismo tiempo, estamos convencidas de que, en cuanto Charles llegue a la ciudad, no tendrá prisa por marchar de nuevo, hemos decidido seguirlo hasta allí para que no se vea obligado a pasar sus horas libres en un hotel desangelado.
Muchas de mis conocidas ya están allí para pasar el invierno; ojalá pudiera saber que tú, mi querida amiga, tienes alguna intención de unirte a la multitud, pero de eso ya desespero. Espero sinceramente que vuestras navidades en Hertfordshire abonden en las diversiones que esa época suele traer, y que vuestros galanes sean tan numerosos que os impidan sentir la pérdida de los tres de los que vamos a privaros”.
—Es evidente por esto —añadió Jane— que ya no vuelve este invierno.
—Tan solo es evidente que la señorita Bingley no pretende que lo haga.
“¿Por qué piensas eso? Debe ser obra suya. Es dueño de sus propios actos. Pero tú no lo sabes todo. Te leeré el pasaje que especialmente me duele. No tendré reservas contigo”.
—El señor Darcy está impaciente por ver a su hermana y, a decir verdad, nosotras no tenemos menos deseos de volver a verla. Realmente creo que Georgiana Darcy no tiene igual en belleza, elegancia y prendas; y el afecto que inspira en Louisa y en mí se ve acrecentado hasta convertirse en algo aún más interesante por la esperanza que nos atrevemos a albergar de que sea en el futuro nuestra hermana. No sé si alguna vez antes te mencioné mis sentimientos sobre este asunto, pero no me iré del condado sin confiártelos, y confío en que no los juzgarás desrazonados. Mi hermano ya la admira muchísimo, ahora tendrá frecuentes oportunidades de verla en el plano más íntimo, los parientes de ella desean la unión tanto como los suyos propios, y la