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nydus/Pride and PrejudicePublic
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XI

—De ningún modo —fue su respuesta—; pero ten por seguro que tiene la intención de ser duro con nosotras, y nuestra manera más segura de decepcionarle será no preguntar nada al respecto.

Miss Bingley, sin embargo, era incapaz de defraudar a Mr. Darcy en nada, y perseveró por lo tanto en exigir una explicación de sus dos motivos.

—No tengo el menor inconveniente en explicárselas —dijo, tan pronto como ella le permitió hablar.

«Ustedes eligen este método de pasar la velada o bien porque se confían mutuamente y tienen asuntos secretos que discutir, o bien porque son conscientes de que sus figuras lucen con la mayor ventaja al caminar; si lo primero, yo estorbaría por completo; y si lo segundo, puedo admirarles mucho mejor sentado junto al fuego».

—¡Oh!, ¡qué espanto! —exclamó la señorita Bingley—. Jamás he oído nada tan abominable. ¿Cómo deberemos castigarle por semejante declaración?

—Nada más fácil, si tienes la menor inclinación —dijo Elizabeth—. Todos podemos atormentarnos y castigarnos unos a otros. Tómale el pelo, ríete de él. Siendo tan íntimos, debes de saber cómo se hace.

—Pero, os lo aseguro por mi honor, no lo sé. Os aseguro que mi trato con él todavía no me ha enseñado eso. ¡Provocar la tranquilidad de carácter y la presencia de ánimo! No, no⁠—creo que en eso puede desafiarnos. Y en cuanto a la risa, no nos vamos a exponer, si os parece, intentando reírnos sin un motivo. El señor Darcy puede frotarse las manos.

—¡De Darcy no hay que reírse! —exclamó Elizabeth—. Es una ventaja poco común, y espero que siga siéndolo, pues para mí sería una gran pérdida tener muchos conocidos así. Me encanta reír.

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