mucha inquietud, y desde que he tenido la desgracia de perderle, he deseado con frecuencia zanjar esa brecha; pero durante algún tiempo me contuvieron mis propias dudas, temiendo que pudiera parecer una falta de respeto hacia su memoria el entablar buena relación con alguien con quien siempre le había placido estar en desacuerdo.—“Tome nota, señora Bennet.”—No obstante, mi ánimo ya está decidido al respecto, pues habiendo recibido las órdenes sagradas en Pascua, he tenido la fortuna de ser distinguido por el patrocinio de la ilustrísima señora Lady Catherine de Bourgh, viuda de Sir Lewis de Bourgh, cuya generosidad y beneficencia me ha promovido a la valiosa rectoría de esta parroquia, donde será mi más sincero empeño conducirme con respetuosa gratitud hacia su señoría, y estar siempre dispuesto a oficiar los ritos y ceremonias instituidos por la Iglesia de Inglaterra. Como clérigo, además, considero mi deber promover y establecer la bendición de la paz en todas las familias al alcance de mi influencia; y basándome en esto, me halaga pensar que mis presentes ofertas de buena voluntad son muy encomiables, y que la circunstancia de ser yo el siguiente en el mayorazgo de la finca de Longbourn será benignamente pasada por alto por su parte, y no le llevará a rechazar la rama de olivo que se le ofrece. No puedo menos que afligirme por ser el causante de perjuicio a sus amables hijas, y le ruego me disculpe por ello, así como asegurarle mi disposición a repararles de todas las maneras posibles—mas de esto hablaremos más adelante. Si no tuviera inconveniente en recibirme en su casa, me propongo la satisfacción de presentarme ante usted y su familia el lunes 18 de noviembre, a las cuatro en punto, y probablemente abusaré de su hospitalidad hasta el sábado en ocho subsiguiente, lo cual
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