treinta libras esterlinas; pero no puedo dejar de suponer que la esperanza de vengarse de mí fue un fuerte acicate. Su venganza habría sido, desde luego, completa. Esta, señora, es una fiel narración de todos los acontecimientos en los que hemos estado involucrados juntos; y si usted no lo rechaza rotundamente por falso, espero que me absuelva de aquí en adelante de toda crueldad hacia el señor Wickham. No sé de qué manera, bajo qué forma de falsedad la ha engatusado; pero tal vez no deba sorprender su éxito. Al ignorar usted previamente todo lo relacionado con ambos, le era imposible descubrirlo y, desde luego, no estaba en su ánimo sospecharlo. Tal vez se pregunte por qué no se le contó todo esto anoche. Pero yo no era entonces lo suficientemente dueño de mí mismo como para saber qué se podía o se debía revelar. De la veracidad de todo lo aquí relatado puedo apelar en particular al testimonio del coronel Fitzwilliam, quien, por nuestra estrecha relación y constante intimidad, y más aún como uno de los albaceas del testamento de mi padre, se ha visto inevitablemente al corriente de cada detalle de estas transacciones. Si su aversión hacia mí hiciera que mis afirmaciones carecieran de valor, la misma causa no puede impedirle confiar en mi primo; y para que exista la posibilidad de consultarlo, procuraré encontrar alguna oportunidad de poner esta carta en sus manos en el transcurso de la mañana. Solo añadiré: que Dios
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Capítulo XXXV
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