“Pero si no vuelve este invierno, mi elección nunca será necesaria. ¡Mil cosas pueden surgir en seis meses!”
La idea de que él no volviera a aparecer fue tratada por Elizabeth con el máximo desprecio. Le pareció meramente una sugerencia de los interesados deseos de Caroline, y ni por un momento pudo suponer que esos deseos, por muy abiertamente o con tanto arte que se expresaran, pudieran influir en un joven tan totalmente independiente de todos.
Le expuso a su hermana con tanta fuerza como le fue posible lo que sentía sobre el asunto, y pronto tuvo el placer de ver su feliz efecto.
El carácter de Jane no era pesimista, y poco a poco se vio conducida a esperar, aunque la timidez del afecto a veces vencía a la esperanza, que Bingley regresaría a Netherfield y colmaría todos los deseos de su corazón.
Acordaron que la señora Bennet solo se enteraría de la marcha de la familia, sin alterarse por el motivo de la conducta del caballero; pero incluso esta comunicación parcial le causó gran preocupación, y se lamentó de que fuera una desgracia inmensa que las damas se marcharan justo cuando todos empezaban a entablar tanta amistad.
No obstante, tras lamentarlo extensamente, le quedó el consuelo de pensar que el señor Bingley volvería a bajar muy pronto y cenaría en breve en Longbourn, y la conclusión de todo fue la reconfortante afirmación de que, aunque lo habían invitado tan solo a una cena familiar, ella se encargaría de servir dos platos principales.