vino caminando aquí el miércoles por la mañana para condolerse con nosotros, y ofreció sus servicios, o los de cualquiera de sus hijas, por si podían sernos útiles”.
—Más le habría valido quedarse en casa —exclamó Elizabeth—; tal vez tuviera buenas intenciones, pero ante una desgracia como esta, uno no puede ver demasiado poco a sus vecinos. La ayuda es imposible; el pésame, insoportable. Que triunfen sobre nosotros desde la distancia y se den por satisfechos.
A continuación procedió a indagar sobre las medidas que su padre se había propuesto tomar, estando en la ciudad, para la recuperación de su hija.
—Creo —respondió Jane— que tenía la intención de ir a Epsom, el lugar donde cambiaron de caballos por última vez, ver a los postillones y tratar de averiguar algo a través de ellos.
Su objetivo principal debe ser descubrir el número del carruaje de alquiler que los llevó desde Clapham. Había llegado con un pasajero procedente de Londres; y como pensaba que el hecho de que un caballero y una dama se pasaran de un carruaje a otro podía haber llamado la atención, tenía la intención de hacer averiguaciones en Clapham.
Si de algún modo lograba descubrir en qué casa había dejado el cochero a su anterior pasajero, estaba decidido a hacer averiguaciones allí, y esperaba que no fuera imposible averiguar la parada y el número del carruaje.
No sé qué otros planes se había traído entre manos; pero tenía tanta prisa por marcharse y estaba tan sumamente alterado que me costó mucho trabajo averiguar siquiera todo esto.