No hacía muchas horas que había llegado a casa, cuando descubrió que el proyecto de Brighton, del que Lydia les había dado una pista en la posada, era objeto de frecuente discusión entre sus padres. Elizabeth vio enseguida que su padre no tenía la menor intención de ceder; pero sus respuestas eran al mismo tiempo tan vagas y equívocas que su madre, aunque a menudo desanimada, jamás había desesperado de salir con la suya al final.
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Capítulo XXXIX
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