En lugar de recibir una carta de disculpa de su amigo, como Elizabeth medio esperaba que hiciera el señor Bingley, este logró traer a Darcy consigo a Longbourn antes de que pasasen muchos días desde la visita de Lady Catherine.
Los caballeros llegaron temprano; y, antes de que Mrs. Bennet tuviera tiempo de contarle que habían visto a su tía, algo que su hija temía por momentos, Bingley, que deseaba quedarse a solas con Jane, propuso que salieran todos a dar un paseo. Se aceptó la propuesta.
Mrs. Bennet no solía caminar, Mary nunca tenía tiempo libre, pero los cinco restantes partieron juntos. Bingley y Jane, sin embargo, no tardaron en permitir que los demás se les adelantaran. Se quedaron rezagados, mientras que Elizabeth, Kitty y Darcy debían entretenerse mutuamente.
Ninguno de ellos dijo apenas nada; Kitty le tenía demasiado miedo como para hablar; Elizabeth estaba tomando en secreto una resolución desesperada; y tal vez él estuviera haciendo lo mismo.
Se encaminaron hacia la casa de los Lucas, pues Kitty quería hacer una visita a María; y como a Elizabeth no le pareció necesario que fuera un asunto de todos, cuando Kitty los dejó, ella continuó audazmente a solas con él. Había llegado el momento de ejecutar su propósito y, con el valor aún por las nubes, le dijo de inmediato:
—Sr. Darcy, soy una criatura muy egoísta; y, con el único fin de aliviar mis propios sentimientos, no me importa cuánto pueda herir los suyos. No puedo dejar por más tiempo de agradecerle su bondad inigualable hacia mi pobre hermana. Desde que lo supe, he estado deseando