noble en favor de una ventaja mundana. ¡Charlotte convertida en la esposa del señor Collins era un cuadro sumamente humillante!—Y al dolor de ver a una amiga deshonrándose a sí misma y caída en su estima, se sumaba la angustiosa convicción de que era imposible que esa amiga fuera medianamente feliz en la suerte que había elegido.
Table of Contents
Capítulo XXII
169