No quedó todo arreglado hasta el lunes: en cuanto lo estuvo, se envió el correo urgente a Longbourn. Pero nuestro visitante fue muy terco. Me figuro, Lizzy, que la terquedad es el verdadero defecto de su carácter después de todo. Se le ha acusado de muchos defectos en diferentes momentos; pero este es el verdadero. No había de hacerse nada que no hiciese él mismo; aunque estoy segura (y no lo digo para que se le den las gracias, así que no digas nada al respecto) de que tu tío habría arreglado con muchísimo gusto todo el asunto. Discutieron largo rato, lo cual era más de lo que el caballero o la señora implicados merecían. Pero al final tu tío tuvo que ceder y, en lugar de permitírsele ser útil a su sobrina, tuvo que conformarse con llevarse tan solo el probable mérito de ello, lo cual le sentó como un tiro; y de verdad creo que tu carta de esta mañana le ha dado una gran alegría, porque exigía una explicación que le despojaría de sus plumas ajenas y daría el mérito a quien correspondía. Pero, Lizzy, esto no debe pasar de ti o, a lo sumo, de Jane. Ya sabes más o menos, supongo, lo que se ha hecho por los jóvenes. Se van a pagar sus deudas, que ascienden, creo, a bastante más de mil libras, se le asigna a ella otro millar además del suyo propio, y se le ha comprado el puesto militar. La razón por la cual todo esto había de ser hecho por él solo es la que he dado más arriba. Se debía a él, a su reserva y falta de la debida consideración que el carácter de Wickham hubiese sido tan malinterpretado y, en consecuencia, que hubiese sido recibido y tratado como lo fue. Tal vez hubiera algo de verdad en esto; aunque dudo que su reserva, o la reserva de cualquiera, pueda considerarse responsable del suceso. Pero a pesar de toda esta labia, mi querida Lizzy, puedes estar perfectamente segura de que tu tío nunca habría cedido si no le hubiéramos atribuido otro interés en el asunto. Una vez decidido todo esto, regresó con sus allegados, que aún se hospedaban en Pemberley; pero se acordó que estaría en Londres una vez más cuando se celebrara la boda, y todas las cuestiones monetarias recibirían entonces su toque final. Creo que te lo he contado ya todo. Es
Table of Contents
Capítulo LII
400