de guardar coherencia. Queridísima Lizzy, apenas sé qué escribirte, pero tengo malas noticias y no se pueden demorar. Por imprudente que sería un matrimonio entre el señor Wickham y nuestra pobre Lydia, ahora deseamos con ansiedad que se confirme que ha tenido lugar, pues hay motivos más que suficientes para temer que no se hayan ido a Escocia. El coronel Forster vino ayer, tras haber dejado Brighton el día anterior, no muchas horas después del expreso. Aunque la breve carta de Lydia a la señora F. daba a entender que iban a Gretna Green, Denny dejó caer algo que manifestaba su creencia de que W. nunca tuvo intención de ir allí, ni de casarse con Lydia en absoluto; esto se lo repitieron al coronel F., quien, alarmado al instante, salió de B. con la intención de seguirles la ruta. Los siguió sin dificultad hasta Clapham, pero no más allá, pues al entrar en esa localidad se pasaron a un coche de alquiler y despidieron la calesa que los había traído desde Epsom. Todo lo que se sabe después de esto es que se les vio continuar por la carretera de Londres. No sé qué pensar. Tras hacer todas las indagaciones posibles por aquel lado de Londres, el coronel F. se vino a Hertfordshire, renovándolas con inquietud en todos los peajes y en las posadas de Barnet y Hatfield, pero sin ningún éxito, no se había visto pasar a personas semejantes. Con la más amable solicitud se dirigió a Longbourn y nos comunicó sus temores de un modo que le honra enormemente el corazón. Siento un sincero pesar por él y por la señora F., pero nadie puede echarles la culpa de nada. Nuestra angustia, mi querida Lizzy, es muy grande. Mi padre y mi madre se temen lo peor, pero yo no puedo pensar tan mal de él. Podrían darse muchas circunstancias que hicieran más conveniente para
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Capítulo XLVI
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