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nydus/Pride and PrejudicePublic
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XLIV

Anciosa por quedarse sola, y temerosa de preguntas o insinuaciones por parte de sus tíos, se quedó con ellos solo el tiempo suficiente para escuchar la opinión favorable de estos sobre Bingley, y luego se apresuró a ir a vestirse.

Pero ella no tenía motivos para temer la curiosidad del matrimonio Gardiner; no era su deseo forzar su confidencia.

Era evidente que conocía a Mr. Darcy mucho mejor de lo que ellos se habían imaginado antes; era evidente que él estaba muy enamorado de ella. Vieron mucho que les interesaba, pero nada que justificara indagar.

De Mr. Darcy era ahora motivo de inquietud pensar bien; y, hasta donde abarcaba su conocimiento, no había tacha que ponerle.

No podían permanecer indiferentes ante su amabilidad, y si hubieran trazado su carácter a partir de sus propios sentimientos y del informe de su criado, sin ninguna referencia a ningún otro testimonio, el círculo de Hertfordshire al que era conocido no lo habría reconocido como Mr. Darcy.

Había ahora un interés, sin embargo, en creer al ama de llaves; y pronto llegaron a comprender que la autoridad de un criado que lo conocía desde los cuatro años, y cuyos propios modales denotaban respetabilidad, no debía rechazarse a la ligera.

Tampoco había ocurrido nada en las noticias de sus amigos de Lambton que pudiera disminuir materialmente su peso. No tenían nada de qué acusarle salvo de orgullo; orgullo probablemente tenía, y si no, ciertamente se lo atribuirían los habitantes de una pequeña villa comercial, donde la familia no se dejaba ver.

Se reconocía, sin embargo, que era un hombre generoso y que hacía mucho bien entre los pobres.

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