Elizabeth se había llevado una gran decepción al no encontrar ninguna carta de Jane a su llegada a Lambton; y esta decepción se había repetido en cada una de las mañanas que ya habían pasado allí; pero al tercer día, sus quejas terminaron y su hermana quedó exculpada al recibir dos cartas suyas de golpe, en una de las cuales se indicaba que había sido mal dirigida. A Elizabeth no le sorprendió, ya que Jane había escrito la dirección rematadamente mal.
Se acababan de preparar para salir a caminar cuando llegaron las cartas; y su tío y su tía, dejándola que las disfrutara con tranquilidad, se marcharon solos.
Había que atender primero a la que había sido mal enviada; había sido escrita hacía cinco días. El principio contenía el relato de todas sus pequeñas reuniones y compromisos, con las noticias que ofrecía el lugar; pero la segunda mitad, fechada un día después y escrita con evidente agitación, daba información más importante. Decía lo siguiente:
“Desde que escribí lo anterior, queridísima Lizzy, ha ocurrido algo de índole muy inesperada y grave; pero temo alarmarte—te aseguro que todos estamos bien. Lo que tengo que decir se refiere a la pobre Lydia. Anoche a las doce, justo cuando nos habíamos ido todos a la cama, llegó un expreso del coronel Forster para informarnos de que ella se había fugado a Escocia con uno de sus oficiales; para decir la verdad, ¡con Wickham!—Imagina nuestra sorpresa. A Kitty, sin embargo, no le parece algo tan totalmente inesperado.