impulso dista mucho de ser bueno; consiste en contar las lecturas atestiguadas y decidir por mayoría. Supongamos que hay veinte copias de un texto; la lectura A está atestiguada dieciocho veces, la lectura B dos veces. Tomar esto como razón para elegir A es partir de la suposición gratuita de que todos los manuscritos tienen la misma autoridad. Esto es un error de juicio; pues si diecisiete de los dieciocho manuscritos que dan la lectura A han sido copiadost del decimoctavo, la lectura A está en realidad atestiguada una sola vez; y la única cuestión es si es intrínsecamente mejor o peor que la lectura B.
Se ha reconocido que el único procedimiento racional es comenzar determinando qué relación guardan las copias entre sí.
Con este fin adoptamos como punto de partida el axioma indiscutible de que todas las copias que contienen los mismos errores en los mismos pasajes deben haber sido copiadas unas de otras o derivar todas de una copia que contenga dichos errores.
Es inconcebible que varios amanuenses, reproduciendo de forma independiente un original libre de errores, introduzcan todos exactamente los mismos errores; la identidad de los errores atestigua una comunidad de origen.
Desecharemos sin escrúpulos todas las copias derivadas de un único manuscrito que se ha conservado. Evidentemente, no pueden tener más valor que el que posee su fuente común; si difieren de ella, solo puede ser en virtud de nuevos