la historia no puede ayudar al progreso de las ciencias directas. Se mantiene a distancia de la realidad por sus medios indirectos de información, y debe aceptar las leyes que establecen aquellas ciencias que entran en contacto inmediato con la realidad. Para rechazar una de estas leyes son necesarias nuevas observaciones directas. Tales revoluciones son posibles, pero deben gestarse desde dentro. La historia no tiene el poder de tomar la iniciativa en ellas.
La solución no es tan clara en el caso de los hechos que no armonizan con un cuerpo de conocimientos históricos o con las ciencias, todavía en estado embrionario, que se ocupan del hombre. Depende de la opinión que nos formemos sobre el valor de