método debe abandonarse; tiene apariencia científica, es verdad, pero no es comprensible para los niños. Es mejor dirigirse a los alumnos en un lenguaje contemporáneo. Con este espíritu, de conformidad con las Instrucciones de 1890, se han recopilado colecciones de Lecturas históricas, de las cuales la más importante ha sido publicada por la editorial Hachette.
Los métodos de trabajo de los alumnos todavía atestiguan la tardía introducción de la enseñanza histórica. En la mayoría de las clases de historia siguen predominando métodos que solo ponen a prueba la receptividad de los alumnos: el curso de lecciones, el resumen, la lectura, el cuestionario, la rédaction, la reproducción de mapas. Es como si un alumno de latín se limitara a repetir lecciones de gramática y fragmentos de autores, sin hacer nunca traducción o composición.
Para que la enseñanza cause una impresión adecuada, es necesario, si no descartar todos estos métodos pasivos, al menos complementarlos con ejercicios que reclamen la actividad del alumno. Ya se ha experimentado con algunos de estos ejercicios, y se podrían idear otros. Se puede poner al alumno a analizar grabados, relatos y descripciones de tal manera que resalte la índole de los hechos: el breve análisis escrito u oral garantizará que ha visto y comprendido, y será una oportunidad para inculcar el hábito de emplear únicamente términos precisos. O bien se le puede pedir al alumno que aporte un dibujo, un