a la investigación de la autoría descubrir, en la medida de lo posible, las fuentes utilizadas por los autores de los documentos.
El problema que así se nos presenta guarda cierta semejanza con el de la restitución de textos de la que ya hemos hablado. En ambos casos partimos de la suposición de que unas lecturas idénticas tienen una fuente común:
- una serie de copistas diferentes, al transcribir un texto, no cometerán exactamente los mismos errores en exactamente los mismos lugares;
- una serie de escritores diferentes, al relatar los mismos hechos, no los habrán contemplado desde exactamente el mismo punto de vista, ni dirán las mismas cosas en exactamente el mismo lenguaje.
La gran complejidad de los acontecimientos históricos hace sumamente improbable que dos observadores independientes los narren de la misma manera. Nos esforzamos por agrupar los documentos en familias del mismo modo en que agrupamos los manuscritos. De igual forma, el resultado nos permite elaborar tablas genealógicas.
Los examinadores que corrigen las composiciones de los candidatos al título de bachillerato a veces notan que los ejercicios de dos candidatos que se sentaron el uno al lado del otro guardan un parecido de familia. Si se empeñan en averiguar cuál es derivado del otro, no tienen dificultad en lograrlo, a pesar de las pequeñas astucias (ligeras modificaciones, ampliaciones, resúmenes, adiciones, supresiones, transposiciones) que el plagiario multiplica para despistar. Los dos culpables se delatan suficientemente por