reforma, resulta particularmente nocivo en su efecto sobre la instrucción histórica, a la que reduce a un conjunto de preguntas y respuestas.
III. No obstante, hoy es posible señalar cuál es la dirección en que probablemente ha de desarrollarse la enseñanza histórica en Francia y las cuestiones que será necesario resolver con el fin de introducir un sistema técnico racional. Aquí nos esforzaremos en formular dichas cuestiones en un cuadro metódico.
(1) Organización general.—¿A qué objetivo debe aspirar la enseñanza de la historia? ¿Qué servicios puede prestar a la cultura del alumno? ¿Qué influencia puede tener en su conducta? ¿Qué hechos debe permitirle comprender? Y, en consecuencia, ¿qué principios deben guiar la elección de los temas y de los métodos? ¿Debe extenderse la instrucción a lo largo de toda la duración de las clases, o debe concentrarse en una clase especial? ¿Deve impartirse en clases de una o dos horas? ¿Debe distribuirse la historia en varios ciclos, como en Alemania, para hacer que el alumno vuelva varias veces sobre el mismo tema en diferentes periodos de sus estudios? ¿O debe exponerse en un solo curso continuo, comenzando desde el inicio de los estudios, como en Francia? ¿Debe el profesor impartir un curso completo, o debe seleccionar unas pocas cuestiones y dejar que el alumno estudie las demás por sí mismo? ¿Debe exponer los hechos oralmente, o debe exigir a los alumnos que los aprendan en