ni para enseñar historia, que habían aprendido a grandes prisas, ni para investigar cuestiones difíciles».
En cuanto a la École des chartes, fundada bajo la Restauración, era, desde cierto punto de vista, una escuela especial como las demás, concebida en teoría para formar a esos funcionarios útiles que son los archiveros y bibliotecarios.
Pero la instrucción profesional se redujo pronto a un estricto mínimo, y la École des chartes fue organizada según un plan muy original, con el fin de proporcionar un aprendizaje racional y completo a los jóvenes que se proponían estudiar la historia de la Francia medieval.
Los alumnos de la École des chartes no seguían ningún curso de «historia medieval», pero aprendían todo lo necesario para trabajar en la resolución de los problemas aún abiertos de la historia medieval. Aquí únicamente, en virtud de una anomalía accidental, se enseñaban de manera sistemática las disciplinas preliminares y auxiliares de la investigación histórica. Ya hemos tenido ocasión de señalar los efectos de esta circunstancia.
Este era el estado de cosas cuando, hacia fines del Segundo Imperio, se inició un vigoroso movimiento de reforma. Unos jóvenes franceses habían visitado Alemania; les había impresionado la superioridad del sistema universitario alemán sobre el sistema napoleónico de facultades y escuelas especiales. Ciertamente Francia, con su organización defectuosa, había producido muchos hombres y muchas obras, pero ahora se empezaba a sostener que «en toda clase de empresas se debía