mayor gravedad los ataques que se le han hecho.
Pero nos incumbe explicar las razones que han motivado la composición de la presente obra.
Durante los últimos cincuenta años, un gran número de hombres inteligentes y de mente abierta han meditado sobre los métodos de las ciencias históricas. Naturalmente, encontramos entre ellos a muchos historiadores, profesores universitarios, cuya posición les permite comprender mejor que a otros las necesidades intelectuales de la juventud; pero al mismo tiempo a lógicos de profesión, e incluso a novelistas.
A este respecto, Fustel de Coulanges dejó una tradición tras de sí en la Universidad de París. «Se esforzó —se nos dice— por reducir las reglas del método a fórmulas muy precisas...; en su opinión, ninguna tarea era más urgente que la de enseñar a los estudiantes cómo alcanzar la verdad».
Entre estos hombres, algunos, como Renan, se han contenido con insertar observaciones dispersas en sus obras generales o en sus escritos ocasionales; otros, como Fustel de Coulanges, Freeman, Droysen, Laurence, Stubbs, De Smedt, Von Pflugk-Harttung, etcétera, se han tomado la molestia de expresar sus pensamientos sobre el asunto en tratados especiales.
Hay muchos libros, «lecciones inaugurales», «discursos académicos» y artículos de revistas, publicados en todos los países, pero especialmente en Francia, Alemania, Inglaterra, Estados Unidos e Italia, tanto sobre el tema general de la metodología como sobre las diferentes partes de la misma.