superficiales compuestas de elementos heterogéneos. La nación inglesa comprende a galeses, escoceses e irlandeses; la Iglesia católica está compuesta por fieles dispersos por el mundo entero, que difieren en todo excepto en la religión. No hay grupo cuyos miembros tengan los mismos hábitos en todos los aspectos. Un mismo hombre es al mismo tiempo miembro de varios grupos, y en cada grupo tiene compañeros que difieren de los que tiene en los demás. Un canadiense francés pertenece al Imperio británico, a la Iglesia católica, al grupo de personas de habla francesa. Así pues, los diferentes grupos se solapan de tal manera que resulta imposible dividir a la humanidad en sociedades tajantemente distintas que existan unas al lado de otras.
En los documentos históricos encontramos los nombres contemporáneos de los grupos, muchos de los cuales descansan sobre meras semejanzas superficiales. Debe hacerse regla general no adoptar nociones populares de este tipo sin criticarlas. Debemos determinar con precisión la naturaleza y la extensión del grupo, preguntando: ¿De qué hombres estaba compuesto? ¿Qué vínculo los unía? ¿Qué hábitos tenían en común? ¿En qué especie de actividad se diferenciaban? Solo después de dicha crítica podremos decir cuáles son los hábitos respecto de los cuales el grupo en cuestión puede ser utilizado como base de estudio. Para estudiar los hábitos intelectuales (lengua, religión, arte, ciencia) no tomaremos una unidad política, la nación, sino el grupo formado por aquellos que compartían