sociedades que deseamos estudiar. Analizando el esquema de disposición utilizado en el tratamiento científico de estos casos familiares aprenderemos qué preguntas deben hacerse con referencia a los casos análogos que nos proponemos investigar.
Por supuesto, el modelo debe elegirse con inteligencia; no debemos aplicar a una sociedad bárbara una lista de preguntas formuladas a partir del estudio de una nación civilizada, y preguntar con respecto a un dominio feudal qué agentes correspondían a cada uno de nuestros ministros de Estado —como hizo Boutaric en su estudio sobre la administración de Alfonso de Poitiers—.
Este método de elaborar cuestionarios, que basa toda construcción histórica en un procedimiento a priori, sería objetable si la historia fuera realmente una ciencia de observación; y tal vez algunos piensen que desmerece mucho en comparación con los métodos a posteriori de las ciencias naturales. Pero su justificación es simple: es el único método que es posible emplear, y el único método que, de hecho, se ha empleado jamás. En el momento en que un historiador intenta poner en orden los hechos contenidos en los documentos, construye a partir del conocimiento que tiene (o cree tener) de los asuntos humanos un esquema de organización que equivale a un cuestionario, a menos que, tal vez, adopte un esquema que uno de sus predecesores haya construido de manera similar. Pero cuando esta labor se ha realizado inconscientemente, el esquema de organización permanece incompleto y