mejor afrontar con el propósito de descubrir si son, después de todo, insuperables.
Las operaciones de la historia son tan numerosas, desde el primer descubrimiento del documento hasta la fórmula final de la conclusión, exigen precauciones tan minuciosas, una variedad tan grande de dones naturales y hábitos adquiridos, que no hay hombre que pueda realizar por sí mismo todo el trabajo sobre un punto cualquiera.
La historia es menos capaz que cualquier otra ciencia de prescindir de la división del trabajo; pero no hay otra ciencia en la que el trabajo esté tan imperfectamente dividido.
Hallamos a especialistas en erudición crítica escribiendo historias generales en las que dejan que su imaginación los guíe en la labor de construcción; y, por otra parte, hay historiadores constructivos que utilizan para su trabajo materiales cuyo valor no han comprobado.
La razón es que la división del trabajo implica un entendimiento común entre los trabajadores, y en la historia no existe tal entendimiento. Salvo en las operaciones preparatorias de la crítica externa, cada trabajador sigue la guía de su propia inspiración privada; no se toma la molestia de trabajar en la misma línea que los demás, ni presta atención al conjunto del cual su propia obra ha de formar parte.
Por lo tanto, ningún historiador puede sentirse completamente seguro al adoptar los resultados del trabajo de otro, como puede hacerse en las ciencias establecidas, pues no sabe si dichos