- [48] Esto solo es verdad con reserva; hay un instrumento de investigación que es indispensable para todos los historiadores, para todos los estudiantes, sea cual fuere el tema de su estudio especial. La historia, por otra parte, se halla aquí en la misma situación que la mayoría de las otras ciencias: todos los que llevan a cabo investigaciones originales, de cualquier clase que sean, necesitan conocer varias lenguas vivas, las de los países donde se piensa y se trabaja, las de los países que, desde el punto de vista de la ciencia, se encuentran a la vanguardia de la civilización contemporánea. En nuestros días, el cultivo de las ciencias no está confinado a un solo país, ni siquiera a Europa. Es internacional. Todos los problemas, los mismos problemas, se están estudiando en todas partes simultáneamente. Es difícil hoy, y mañana será imposible, encontrar un tema que pueda ser tratado sin tener conocimiento de las obras en lengua extranjera. En adelante, para la historia antigua, griega y romana, el conocimiento del alemán será tan imperativo como el conocimiento del griego y del latín. Las cuestiones de historia estrictamente local son las únicas que todavía están al alcance de aquellos que no poseen la llave de las literaturas extranjeras. Los grandes problemas están fuera de su alcance, por la penosa y ridícula razón de que las obras sobre estos problemas en cualquier lengua que no sea la suya son libros cerrados para ellos. La ignorancia total de las lenguas que hasta ahora han sido los vehículos ordinarios de la ciencia (alemán, inglés, francés, italiano) es una enfermedad que la edad vuelve incurable. No sería exigir demasiado requerir a todo candidato a una profesión científica que sea al menos trilinguis, es decir, que sea capaz de comprender, con bastante facilidad, dos lenguas además de su lengua materna. Esta es una exigencia a la que los eruditos no estaban sujetos antiguamente, cuando el latín era todavía la lengua común de los hombres cultos, pero que las condiciones del trabajo científico moderno harán recaer en adelante con creciente peso sobre los eruditos de todos los países.[] Los eruditos franceses que no son capaces de leer alemán e inglés se ven colocados por ello en una situación de inferioridad permanente en comparación con sus colegas mejor instruidos en Francia y en el extranjero; cualesquiera que sean sus méritos, están condenados a trabajar con medios de información insuficientes, a trabajar mal. Lo saben. Hacen todo lo posible por ocultar su enfermedad, como algo de lo que avergonzarse, excepto cuando hacen de ella un despliegue cínico y se vanaglorian de ello; pero esta jactancia, como podemos ver fácilmente, es solo la vergüenza que se manifiesta de una manera diferente. No se insistirá nunca bastante en el hecho de que el conocimiento práctico de las lenguas extranjeras es auxiliar de primer orden para todo trabajo histórico, como en verdad lo es para el trabajo científico en general. []Quizá llegue un día en que sea necesario conocer la lengua eslava más importante; ya hay eruditos que se están dedicando a aprender ruso. La idea de restablecer el latín en su antigua posición de lengua universal es quimérica. Véase la colección del Phœnix, seu nuntius latinus universalis (Londres, 1891, en 4.º).
Table of Contents
LIBRO I ESTUDIOS PRELIMINARES CAPÍTULO I LA BÚSQUEDA DE DOCUMENTOS (HEURÍSTICA)
415