errores; sería una pérdida de tiempo estudiar sus variantes. Habiendo eliminado estas, no tenemos ante nosotros más que copias independientes, hechas directamente a partir del arquetipo, o copias secundarias cuya fuente (una copia tomada directamente del arquetipo) se ha perdido.
Para agrupar las copias secundarias en familias, cada una de las cuales representará lo que es sustancialmente la misma tradición, recurrimos de nuevo a la comparación de errores.
Por este método podemos por lo general trazar sin demasiada dificultad un cuadro genealógico completo (stemma codicum) de las copias conservadas, el cual pondrá de manifiesto con mucha claridad su importancia relativa.
Este no es el lugar para discutir los casos difíciles en los que, como consecuencia de haberse perdido un número demasiado grande de intermediarios, o de haber mezclado arbitrariamente los copistas antiguos los textos de distintas tradiciones, la operación se vuelve extremadamente laboriosa o impracticable.
Además, en estos casos extremos no hay ningún método nuevo de por medio: la comparación de los pasajes correspondientes es un instrumento poderoso, pero es el único de que dispone la crítica para esta tarea.
Cuando se ha trazado el árbol genealógico de los manuscritos, nos esforzamos por restaurar el texto del arquetipo comparando las diferentes tradiciones. * Si estas coinciden y ofrecen un texto satisfactorio, no hay dificultad. * Si difieren, decidimos entre ellas. * Si coinciden accidentalmente al ofrecer un texto defectuoso, recurrimos a la