que van a estudiar y se limitan sistemáticamente a la observación de hechos de una sola especie. Las ciencias documentales reciben los hechos, ya observados, de manos de los autores de los documentos, quienes los suministran en desorden. Con el fin de remediar este desorden, es necesario clasificar los hechos y agruparlos por especies. Pero, para clasificarlos, es preciso saber con precisión qué es lo que constituye una especie de hechos históricos; para agruparlos necesitamos un principio de clasificación que les sea aplicable. Sin embargo, sobre estas dos cuestiones de capital importancia, los historiadores aún no han logrado formular reglas precisas.
(2) Los hechos históricos se presentan en grados de generalidad muy diversos, desde los hechos altamente generales que se aplican a todo un pueblo y que duran siglos (instituciones, costumbres, creencias), hasta las acciones más efímeras de un solo hombre (una palabra, un movimiento).
Aquí nuevamente la historia difiere de las ciencias de observación directa, las cuales parten regularmente de hechos particulares y se esfuerzan metódicamente por condensarlos en hechos generales. Para formar grupos, los hechos deben reducirse a un grado común de generalidad, lo que hace necesario averiguar a qué grado de generalidad podemos y debemos reducir las diferentes especies de hechos. Y esto es en lo que los historiadores no se ponen de acuerdo entre sí.
(3) Los hechos históricos están localizados; cada uno pertenece a un tiempo y a un país