la lectura. Como todo arte práctico, la crítica consiste en el hábito de realizar ciertos actos. En el periodo de aprendizaje, antes de adquirir el hábito, nos vemos obligados a pensar en cada acto por separado antes de realizarlo, y a analizar los movimientos; en consecuencia, los realizamos todos con lentitud y dificultad; pero, una vez adquirido el hábito, los actos, que ahora se han vuelto instintivos e inconscientes, se realizan con facilidad y rapidez. El lector no debe, por tanto, inquietarse por la lentitud de los procesos críticos; más adelante verá cómo se abrevian en la práctica.
III. El problema de la crítica puede plantearse de la siguiente manera. Dada una afirmación hecha por un hombre de cuyas operaciones mentales no tenemos experiencia, y dependiendo el valor de la afirmación exclusivamente de la manera en que dichas operaciones fueron realizadas; averiguar si estas operaciones se realizaron correctamente.
La mera exposición del problema muestra que no podemos esperar ninguna solución directa o definitiva del mismo; carecemos del dato esencial, a saber, la manera en que el autor realizó las operaciones mentales en cuestión.
Por consiguiente, la crítica no avanza más allá de las soluciones indirectas y provisionales, y no hace más que aportar datos que requieren una elaboración definitiva.
Un instinto natural nos lleva a juzgar el valor de las afirmaciones por su forma. Creemos que podemos saber de un vistazo si un autor es