su lugar correspondiente, en obras de consulta bien estructuradas.
Por último, no existen ramas del conocimiento que sean auxiliares de la Historia (ni siquiera de la investigación histórica) en general; es decir, que sean útiles para todos los estudiantes independientemente de la parte concreta de la historia en la que estén trabajando. Parece, pues, que no es posible dar una respuesta general a la pregunta planteada al principio de este capítulo: ¿en qué debe consistir el aprendizaje técnico del erudito o del historiador? ¿En qué consiste? Eso depende. Depende de la parte de la historia que se proponga estudiar. El conocimiento de la paleografía es totalmente inútil para investigar la historia de la Revolución francesa, y el conocimiento del griego es igualmente inútil para tratar una cuestión de historia francesa medieval. Pero podemos llegar a decir que el equipamiento preliminar de todo aquel que desee realizar un trabajo original en historia debe consistir (además de la «educación común», es decir, la cultura general de la que escribe Daunou) en los conocimientos destinados a ayudar en el descubrimiento, la comprensión y la crítica de los documentos. * La naturaleza exacta de este conocimiento varía de un caso a otro, según el estudiante se especialize en una u otra parte de la historia universal. * El aprendizaje técnico es relativamente corto y fácil para quienes se ocupan de la historia moderna o contemporánea, y largo y laborioso