dijeren, poseer el sentido histórico en plena medida sin haber tenido nunca, tanto literal como figuradamente, que limpiar el polvo de los documentos originales —es decir, sin haberlos descubierto y restaurado por uno mismo—.
No necesitamos interpretar en sentido judío o etimológico la máxima de Renan: "No creo que nadie pueda adquirir una noción clara de la historia, de sus límites y del grado de confianza que merecen las diferentes categorías de la investigación histórica, a menos que esté habituado a manejar documentos originales".
Esto ha de entenderse simplemente como una referencia al hábito de acudir directamente a las fuentes y de abordar problemas concretos.
Sin duda llegará un día en que todos los documentos relativos a la historia de la antigüedad clásica habrán sido editados y tratados críticamente. Ya no habrá entonces lugar, en este campo de estudio, para la crítica textual o la investigación de fuentes; pero, a pesar de todo ello, las condiciones para el tratamiento de la historia antigua general, o de partes especiales de la misma, serán entonces eminentemente favorables.
La crítica externa, como nunca nos cansaremos de repetir, es enteramente preparatoria; es un medio, no un fin; el estado ideal de las cosas sería que ya se hubiera practicado lo suficiente como para poder prescindir de ella en el futuro; es solo una necesidad temporal. Teóricamente, no solo es innecesario que quienes desean realizar síntesis históricas hagan por sí