gran número de hechos. El profesor de historia, sin más recursos que su voz, una pizarra y unos compendios que poco se diferencian de las tablas cronológicas, se encuentra en una situación muy similar a la de un profesor de latín sin textos ni diccionario. El alumno de historia necesita un repertorio de hechos históricos como el alumno de latín necesita un repertorio de palabras latinas; necesita colecciones de hechos, y los manuales escolares son en su mayor parte colecciones de palabras.
Hay dos vehículos de los hechos, los grabados y los libros. Los grabados exhiben objetos materiales y aspectos externos, son útiles principalmente para el estudio de la civilización material. Hace ya algún tiempo que se intentó por primera vez en Alemania poner en manos del alumno una colección de grabados dispuesta para los fines de la instrucción histórica. La misma necesidad ha producido, en Francia, el Album historique, que se publica bajo la dirección de M. Lavisse.
El libro es el instrumento principal. Debe contener todos los rasgos característicos necesarios para formar representaciones mentales de los acontecimientos, los móviles, las costumbres, las instituciones estudiadas; consistirá principalmente en relatos y descripciones, a los que se podrán añadir dichos y fórmulas característicos. Durante mucho tiempo se procuró construir esos libros a partir de extractos seleccionados de autores antiguos; se compilaban en forma de colecciones de textos. La experiencia parece indicar que este