examinar las aptitudes naturales que capacitan, y los defectos verdaderamente prohibitivos que incapacitan, para las labores de la crítica externa. Dedicaremos, pues, unas pocas palabras a los efectos producidos en el carácter por el hábito profesional en las labores de la erudición crítica.
La condición principal del éxito en estas labores es que gusten. Aquellos que poseen dones excepcionales como poetas o pensadores —esto es, los dotados de poder creador— tienen mucha dificultad para adaptarse al trabajo tedioso y técnico de la crítica preparatoria: están muy lejos de desdeñarlo; por el contrario, lo honran, si son perspicaces; pero se retraen de dedicarse a él por miedo, como suele decirse, a usar una navaja para cortar piedras.
«No tengo ninguna intención», escribió Leibniz a Basnage, que lo había instigado a compilar un inmenso Corpus de documentos inéditos e impresos relativos a la historia del derecho de gentes; «no tengo ninguna intención de convertirme en copista... ¿No se le ocurre que el consejo que me da se parece al de un hombre que quisiera casar a su amigo con una arpía? Pues comprometer a un hombre en una obra para toda la vida es más o menos lo mismo que buscarle una esposa».
Y Renan, hablando de esos inmensos trabajos preliminares «que han hecho posibles las investigaciones de la alta crítica» y los intentos de construcción histórica, dice: > «El hombre que, con necesidades intelectuales más vivas [que