casos que puedan presentarse. Sucede con la construcción histórica lo mismo que con la crítica histórica: la imposibilidad de la observación directa obliga a utilizar series de preguntas preconcebidas.
Las acciones humanas que constituyen el objeto de estudio de la historia difieren de una época a otra y de un país a otro, del mismo modo en que los hombres y las sociedades han diferido entre sí; y, en verdad, es el propósito especial de la historia estudiar estas diferencias.
Si los hombres siempre hubiesen tenido la misma forma de gobierno o hablado la misma lengua, no habría motivo para escribir la historia de las formas de gobierno o la historia de las lenguas.
Pero estas diferencias están comprendidas dentro de límites impuestos por las condiciones generales de la vida humana; no son sino variedades de ciertos modos de ser y de obrar que son comunes a la humanidad entera, o al menos a la gran mayoría de los hombres.
No podemos saber a priori cuál era el modo de gobierno o la lengua de un pueblo histórico; es tarea de la historia decírnoslo. Pero que un pueblo determinado haya tenido una lengua y una forma de gobierno es algo que tenemos derecho a dar por sentado, antes de cualquier examen, en todos los casos posibles.
Al trazar la lista de los fenómenos fundamentales que podemos esperar encontrar en la vida de cada individuo y