clase, sino los hechos pertenecientes a las clases más ampliamente diferentes. Existen conexiones, no meramente entre los diferentes hechos relativos al arte, a la religión, a las costumbres, a la política, sino entre los hechos de la religión por un lado y los hechos del arte, de la política y de las costumbres por el otro; así, a partir de un hecho de una especie podemos inferir hechos de todas las demás especies.
Examinar esas conexiones entre los hechos en las que pueden fundarse los razonamientos equivaldría a tabular todas las relaciones conocidas entre los hechos de la humanidad, es decir, a dar cuenta exhaustiva de todas las leyes empíricas de la vida social. Tal labor proporcionaría material para un libro entero.
Aquí nos contentaremos con indicar las reglas generales que rigen este tipo de razonamiento y las precauciones que deben tomarse contra los errores más comunes.
El argumento descansa sobre dos proposiciones:
- una es general, y se deriva de la experiencia de los asuntos humanos;
- la otra es particular, y se deriva de los documentos.
En la práctica, empezamos con la proposición particular, el hecho histórico: Salamina lleva un nombre fenicio. Luego buscamos una proposición general: la lengua del nombre de una ciudad es la lengua del pueblo que la fundó. Y concluimos: Salamina, al llevar un nombre fenicio, fue fundada por los fenicios.
Para que la conclusión sea cierta, dos condiciones son necesarias.
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