pocos los escritores sobre historia que se detienen a discutir la teoría de la Providencia en su forma teológica.
Pero la tendencia a explicar los hechos históricos mediante causas trascendentes sobrevive en las teorías más modernas, en las que la metafísica se disfraza bajo formas científicas.
Los historiadores del siglo XIX han estado tan fuertemente influidos por su educación filosófica que la mayoría de ellos, a veces inconscientemente, introducen fórmulas metafísicas en la construcción de la historia.
Bastará con enumerar estos sistemas y señalar su carácter metafísico para que los historiadores reflexivos estén advertidos de desconfiar de ellos.
La teoría del carácter racional de la historia descansa en la noción de que todo hecho histórico real es al mismo tiempo «racional», es decir, conforme a un plan comprensivo e inteligible; ordinariamente se presupone de manera tácita que todo hecho social tiene su razón de ser en el desarrollo de la sociedad —esto es, que termina por volverse en favor de la sociedad—; de ahí que la causa de cada institución se busque en la necesidad social que originalmente estaba destinada a satisfacer. Esta es la idea fundamental del hegelianismo, si no en Hegel, al menos en los historiadores que han sido sus discípulos (Ranke, Mommsen, Droysen; en Francia, Cousin, Taine y Michelet). Este es un disfraz laico de la antigua teoría teológica de las causas finales que presupone la existencia de una Providencia ocupada en