no hay nada que objetar, salvo una dificultad material; esta, sin embargo, es suficiente, pues constituye el motivo práctico de todas las ciencias: nos referimos a la imposibilidad de adquirir o comunicar un conocimiento completo. Un cuerpo de historia en el que no se sacrificara ningún hecho tendría que contener todas las acciones, todos los pensamientos, todas las aventuras de todos los hombres en todos los tiempos. Formaría un total de nadie podría llegar a dominar, no por falta de materiales, sino por falta de tiempo. Esto, en verdad, se aplica, tal como están las cosas, a ciertas colecciones voluminosas de documentos: las actas reunidas de los debates parlamentarios contienen toda la historia de las diversas asambleas, pero aprender su historia a partir de estas fuentes requeriría más que una vida entera.
Toda ciencia debe tomar en consideración las condiciones prácticas de la vida, al menos en la medida en que pretende ser una ciencia real, una ciencia que sea posible conocer.
Todo ideal que termine por hacer imposible el conocimiento impide el establecimiento de la ciencia.
La ciencia es un ahorro de tiempo y trabajo, efectuado mediante un proceso que proporciona un medio rápido de aprender y comprender los hechos; consiste en la recolección lenta de una cantidad de detalles y su condensación en fórmulas portátiles e incontrovertibles. La historia, que está más abrumada de detalles que cualquier otra ciencia, tiene que elegir entre