tarea que no armonizaba muy bien con el trabajo que las Facultades consideraban adecuado para sí mismas, útil para sus alumnos y ventajoso para la ciencia. El sistema de exámenes ha sido, por tanto, reformado con perseverancia, no sin dificultad, para ajustarse a cierto ideal de lo que debe ser la enseñanza superior de la historia. El resultado es que las Facultades han pasado a ocupar un lugar entre las instituciones que contribuyen al progreso positivo de las ciencias históricas. Una enumeración de las obras que han aparecido bajo sus auspicios durante los últimos años daría fe de ello, de ser necesario.
Esta evolución ya ha producido resultados satisfactorios, y producirá más si continúa tan bien como ha comenzado. Para empezar, la transformación de la enseñanza histórica en las Facultades ha traído consigo una transformación correspondiente en la École normale supérieure. La École normale también otorga, desde hace dos años, un "Diplôme d'études"; en ella se fomentan las investigaciones originales, los ejercicios pedagógicos y la cultura general en el mismo grado que en las nuevas Facultades. Hoy en día solo se diferencia de las Facultades en que es una institución cerrada, reclutada bajo ciertas precauciones; en la práctica es una Facultad como las demás, pero con un pequeño número de estudiantes selectos. En segundo lugar, la École des hautes études y la École des chartes, ambas instaladas a finales de 1897 en la Sorbona