motivo? ¿Es siempre el escritor más concienzudo el que goza de mayor consideración? ¿No puede el tacto ocupar el lugar de los conocimientos?" Si el tacto realmente pudiera ocupar el lugar de los conocimientos, entonces, como es más fácil hacer un mal trabajo que uno bueno, y como lo importante para esta gente es el éxito, podrían verse tentados a concluir que no importa cuán mal trabajen mientras tengan éxito. ¿Por qué no habrían de marchar las cosas en estos asuntos como en la vida, donde no son necesariamente los mejores hombres a los que mejor les va? Pues bien, debido a la implacable severidad de los críticos, los cálculos de este tipo resultarían tan desastrosos como
Hacia el fin del Segundo Imperio no existía en Francia una opinión pública ilustrada en materia de labor histórica. Se publicaban libros malos de erudición histórica con total impunidad y, a veces, incluso procuraban a sus autores recompensas inmerecidas. Fue entonces cuando los fundadores de la Revue Critique d'histoire et de littérature emprendieron el combate contra una situación que juzgaban a la ligera como demoralizadora. Con este propósito administraron castigo público a aquellos eruditos que mostraban falta de conciencia o de método, de un modo calculado para hacer que la erudición les repugnase para siempre. Llevaron a cabo ejecuciones memorables, no por el placer de ello, sino con el firme propósito de instaurar una censura y un saludable