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nydus/The Adventures of Sherlock HolmesPublic
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Un caso de identidad

—Es curioso —observó Holmes— que una máquina de escribir posea en realidad tanta individualidad como la caligrafía de un hombre. A menos que sean completamente nuevas, no hay dos que escriban exactamente igual. Algunas letras se desgastan más que otras, y algunas solo lo hacen por un lado. Ahora bien, usted observa en esta nota suya, señor Windibank, que en todos los casos hay un pequeño difuminado en la e, y un leve defecto en el rabo de la r. Hay otras catorce características, pero esas son las más evidentes.

—Hacemos toda nuestra correspondencia con esta máquina en la oficina, y sin duda está un poco gastada —respondió nuestro visitante, mirando fijamente a Holmes con sus brillantes y avispados ojillos.

—Y ahora le enseñaré lo que es en verdad un estudio muy interesante, mister Windibank —continuó Holmes—. Pienso escribir otro pequeño monográfico algún día de estos sobre la máquina de escribir y su relación con el crimen. Es un tema al que he dedicado cierta atención. Tengo aquí cuatro cartas que supuestamente provienen del hombre desaparecido. Todas están mecanografiadas. En cada caso, no solo la letra «e» aparece borrosa y la «r» no tiene rabo, sino que observará, si le apetece usar mi lupa, que las otras catorce características a las que he aludido también están presentes.

El señor Windibank se levantó de un salto de su silla y cogió su sombrero. —No puedo perder el tiempo con este tipo de charlas absurdas, señor Holmes —dijo—. Si puede atrapar al hombre, atrápelo, y hágamelo saber cuando lo haya hecho.

—Ciertamente —dijo Holmes, acercándose y girando la llave en la cerradura—. ¡Le hago saber,

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