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nydus/The Adventures of Sherlock HolmesPublic
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Los cinco pepitas de naranja

estos accesos de fiebre, entraba de prontas carreras por la puerta y la cerraba con llave y tranca tras de sí, como un hombre que ya no puede desafiar por más tiempo el terror que le nace en las raíces del alma. En tales ocasiones le he visto el rostro, aun en un día frío, brillar de humedad, como si lo acabaran de sacar de una jofaina.

—Bueno, para terminar con el asunto, mister Holmes, y no abusar de su paciencia, hubo una noche en que hizo una de esas salidas borrachas de las que nunca volvió. Lo encontramos, cuando fuimos a buscarlo, boca abajo en un pequeño estanque cubierto de verdín que estaba al pie del jardín.

No había señales de violencia, y el agua tenía apenas dos pies de profundidad, de modo que el jurado, teniendo en cuenta su conocida excentricidad, emitió un veredicto de «suicidio». Pero yo, que sabía cómo se estremecía ante la sola idea de la muerte, tuve muchísimas dificultades para convencerme de que se hubiera desviado de su camino para ir a su encuentro.

El asunto, sin embargo, pasó, y mi padre entró en posesión de la hacienda y de unas 14.000 libras que tenía depositadas a su favor en el banco.

—Un momento —interpuso Holmes—; su relato va a ser, según prevé mi vista, uno de los más extraordinarios que jamás haya escuchado. Permítame la fecha en que su tío recibió la carta, y la fecha de su supuesto suicidio.

“La carta llegó el 10 de marzo de 1883 . Su muerte ocurrió siete semanas después, en la noche del 2 de mayo .”

“Gracias. Te ruego que continúes”.

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