muy útiles que me serian».
«De ningún modo —dije—, tendré mucho gusto en adaptarme a sus deseos. Me gustaría, sin embargo, comprender con un poco más de claridad qué es exactamente lo que desea que haga».
—«Muy cierto. Es muy natural que la promesa de secreto que le hemos exigido haya despertado su curiosidad. No tengo ningún deseo de comprometerle en nada sin que lo tenga todo ante usted. Supongo que estamos totalmente a salvo de mirones, ¿verdad?–
“—«Enteramente».
—«Entonces la cuestión se plantea así. Probablemente usted sepa que la greda es un producto valioso y que solo se encuentra en uno o dos lugares de Inglaterra».
“—He oído decir otro tanto”.
“Hace algún tiempo compré una pequeña propiedad —una propiedad muy pequeña— a menos de diez millas de Reading. Tuve la fortuna de descubrir