en China y de que ha escrito bastante últimamente, no puedo deducir nada
El Sr. Jabez Wilson se incorporó en su silla, con el dedo índice sobre el papel, pero los ojos clavados en mi compañero.
—¿Cómo demonios ha podido saber todo eso, Mr. Holmes? —preguntó él.
“¿Cómo supo, por ejemplo, que yo hacía trabajo manual? Es la pura verdad, pues comencé como carpintero de ribera”.
“Sus manos, querido amigo. Su mano derecha es bastante más grande que la izquierda. Ha trabajado con ella y los músculos están más desarrollados”.
—¿Y bien, el rapé, entonces, y la masonería?
—No voy a insultar su inteligencia diciéndole cómo he deducido eso, sobre todo porque, infringiendo bastante las estrictas reglas de su orden, lleva usted un alfiler de corbata con la escuadra y el compás.
“Ah, es verdad,