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nydus/The Adventures of Sherlock HolmesPublic
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Los cinco pepitas de naranja

casa estuviera. En eso, sin embargo, me equivoqué. Al segundo día de su ausencia recibí un telegrama del comandante en el que me suplicaba que fuera inmediatamente. Mi padre se había caído por una de las profundas canteras de greda que abundaba en los alrededores y yacía inconsciente, con el cráneo destrozado. Me apresuré a ir a su lado, pero él falleció sin haber recuperado jamás el conocimiento. Por lo visto, había estado regresando de Fareham al anochecer y, como la región le era desconocida y la cantera carecía de cerca, el jurado no dudó en emitir un veredicto de «muerte por causas accidentales». Por mucho que examiné cuidadosamente cada detalle relacionado con su muerte, me fue imposible encontrar nada que pudiera sugerir la idea de asesinato. No había indicios de violencia, ni huellas, ni indicios de robo, ni constancia de que se hubiera visto a extraños por los caminos. Y, sin embargo, no necesito decirle que mi espíritu estaba muy lejos de estar tranquilo, y que tenía la casi absoluta seguridad de que se había urdido alguna tenebrosa conjura en torno a él.

“De este siniestro modo entré en posesión de mi herencia. Me preguntaréis por qué no me deshice de ella. Respondo que porque estaba plenamente convencido de que nuestros problemas dependían de algún modo de un incidente en la vida de mi tío, y de que el peligro sería igual de inminente en una casa que en otra.

—Fue en enero del 85 cuando mi pobre padre encontró la muerte, y han pasado dos años y ocho meses desde entonces. Durante ese tiempo he vivido feliz en Horsham, y había empezado a

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